Monserrat (I)

Relato de la visita del Sherpa y el enano a Monserrat.

Último viaje del año y en el único sitio donde no dan del todo malo es en Monserrat. Así que para allá vamos Diego, Blanca, el Sherpa y yo mismo. Llegamos allí el sábado por la noche y la cosa pinta mal, no para de llover y el Refugio en el que pensábamos dormir está cerrado por vacaciones, otra vez mi hermano se ha coronado empeñado en no traer los sacos de dormir confiando en el refugio.

Como buenamente podemos nos echamos los cuatro en la tienda de tres, con dos esterillas y dos sacos. Son las 12,30 y todavía llueve. No las tengo todas conmigo. Confiemos en la meteo.

La noche es fresquita, cuando amanece hace aún más frío. Sinceramente no sé qué cojones hacemos aquí. Pero bueno, a pesar de todo nos dirigimos hacia el Cavall Bernat, una de la cientos y cientos de agujas que hay aquí.



Durante la aproximación nos embarcamos totalmente en mitad de la jungla que hay que atravesar para llegar hasta el pie de vía, que sumado a la brecha que me hice al intentar partir un árbol con la cabeza y al frío hacen una buena escusa para no escalar. No hemos tenido el día.

Cuando bajamos al coche vemos a unos con material de escalar y les preguntamos cómo podemos llegar hasta el pie de vía. Nos contestaron que era cara norte y ni la intentaramos porque nos joderíamos de frío, que fueramos al Bar Anna, en el Bruc, un pueblo de la zona.

Así que sin nada mejor que hacer para allá vamos y cuando preguntamos acerca de reseñas de la zona la camarera lo más educadamente posible nos trae a un señor qué según ella conocía la zona bastante bien y parece ser que estaba en lo cierto pues se trataba nada más y nada menos que de Antonio García Picazo. Nos explicó todo con la mejor cara posible a pesar de las decenas de preguntas que le hicimos, cuando salimos del bar nos llevó practicamente hasta el pie de vía de la Esparraguera en la Roca Gris qué es la que salió por consenso y nos enseñó un vivac cojonudo para plantar la tienda al ladico del pie de vía.

También nos explicó cómo abría sus primeras vías con tan sólo 19 años, con bota rígida, sin arneses y con tacos de madera, que el único alien que tenía se lo regalaron al dar una conferencia y que del grado no nos fiáramos, que él había cotado de 6b pasos que estaban como V-. ¡Cuántas historias tendrá por contar!