Pasaban las horas y poco a poco se nos metían las nubes y con ellas el frío y aún nos quedaba mucha pared por encima de nuestras cabezas. Bien entrada la tarde estabamos por el largo 10 (aproximadamente) pues es una vía muy larga e indefinida. Así que viendo que cada vez el Sol tenía menos fuerza íbamos cada vez más deprisa pero parecía que la noche se nos quería echar encima sin dejarnos salir de la pared y después de llevar un par de largos con la frontal decidimos pararnos a pensar en vivaquear pues eran las 11 de la noche, así que encendí el móvil con el propósito de coger un poco de cobertura para poder llamar a mi padre y que supiera que estábamos bien (le habíamos dicho que iríamos a cenar a Villanúa) y por sorpresa mía tenía toda la cobertura así que sin dudar le llamé diciendole lo típico que estábamos bien pero que se nos había echado la noche encima así que dormiríamos por aquí.
La pregunta era: ¿dónde? tampoco había muchas alternativas la verdad, así que apostamos por echar las cuerdas en una repisa al pie de una chimenea que estaba protegida de la caída de piedras y sin más historias enganchamos un par de empotradores y de friends para atarnos por si nos quedábamos dormidos y nos caíamos.
Mucho no dormimos esta noche un tanto "diferente" pero poco a poco y muy lentamente iban pasando los minutos y las horas y poco antes de las 6 de la mañana decidimos ponernos en movimiento y recorger todo este tinglado que tenemos aquí montado.
Para desayunar nos quedaba una barrita y algo de agua para los dos. Tan solo nos habíamos dejado por hacer el último largo (V) completamente limpio y a las 8 y pico de la mañana estábamos buscando por ahi los rápeles de bajada y al mediodía en el coche poniendo fin a esta odisea. ¡Qué ganas teníamos de llegar!
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